Elegir las zapatillas para una maratón no es solo cuestión de marca o sensaciones: es una decisión que puede marcar la diferencia entre acabar fuerte o terminar sufriendo desde el kilómetro 30. Y, aunque siempre se habla de amortiguación, estabilidad o placa de carbono, hay dos factores que afectan directamente al rendimiento y que muchas veces pasan desapercibidos: tu peso y tu ritmo de carrera.
No todos los corredores necesitan el mismo tipo de zapatilla. De hecho, una mala elección puede traducirse en molestias, sobrecarga, pérdida de eficiencia o incluso lesiones. Por eso, si estás preparando una maratón y quieres elegir el calzado adecuando para larga distancia, aquí tienes la guía definitiva para acertar a la primera.
¿Por qué importa tu peso al elegir zapatillas para maratón?
Cuando hablamos de peso, lo importante no es la cifra exacta sino el impacto que soportan tus articulaciones y cómo influye la compresión de la mediasuela. Un corredor más pesado necesita una espuma con mayor consistencia, más retorno y más soporte para evitar que la zapatilla se hunda. Por el contrario, un runner más ligero puede permitirse zapatillas más suaves, flexibles y más orientadas al ritmo.
Corredores ligeros (<70 kg)
Suelen adaptarse mejor a espumas blandas y compresiva; y pueden aprovechar mejor la reactividad y eficiencia de las zapatillas con placa de carbono. Además, tienen más margen para elegir modelos más voladores o con perfiles más altos sin perder estabilidad.
Corredores de peso medio (70 – 85 kg)
Necesitan un equilibrio entre amortiguación y soporte. Las espumas demasiadas blandas pueden fatigarse rápido, especialmente a ritmos medios y las zapatillas con placa sí funcionan pero deben tener una estabilidad en el talón.
Corredores más pesados (>85 kg)
Requieren modelos con amortiguación más firme y estable. Las espumas deben mantener una estructura incluso después de 30 km y si el modelo es de base ancha y chasis consistente es la opción más segura para una maratón.

Cómo elegir zapatillas para la martón según tu ritmo
Otro factor clave es el ritmo objetivo de carrera, porque no es lo mismo correr a 4:00/km que a 6:00/km.
Ritmos rápidos (3:20 – 4:15/km)
- Aquí brillan las zapatillas con placa de carbono y la espuma tipo PEBA o ZoomX que impulsan la zancada.
- Modelos ligeros, con buena respuesta, pensados para maximizar eficiencia.
- Perfectas para corredores experimentados que quieren mejorar marca.
Ritmos medios (4:30 – 5:30/km)
- Necesitan un equilibrio: reactividad moderada y amortiguación consistente.
- Las zapatillas mixtas o de entrenamiento premium son perfectas.
- A la hora de usar placa de carbono es mejor comprar modelos estables y fáciles de llevar.
Ritmos tranquilos (5:40 – 6:30/km)
- La prioridad es la comodidad y la protección.
- Espumas más densas y chasis estables para evitar la fatiga muscular.
- Zapatillas de entrenamiento con perfiles altos y buena amortiguación.
Combinando peso y ritmo: ¿qué zapatillas elegir?
Si combinas estos dos factores, peso y ritmo, empiezan a verse perfiles muy claros. Por ejemplo, un corredor de más de 80 kg que quiera terminar la maratón a ritmo constante entre 5:00 y 5:30 min/km necesitará una zapatilla estable, bien amortiguada, con una espuma resistente y sin “excesos” de rigidez. Algo cómodo, confiable y pensado para soportar el impacto de las distancias largas sin comprometer la técnica. En cambio, un runner ligero que busque bajar de 3 horas sí podrá aprovechar la eficiencia de una placa de carbono y geometrías más radicales que favorezcan una transición rápida.
También existe el caso intermedio: corredores de peso medio (65–75 kg) que se mueven entre ritmos de 4:30 y 5:00. Aquí la elección es más flexible y suelen funcionar modelos que combinan una buena amortiguación con algo más de respuesta. Es el grupo que más variedad tiene, y por eso a veces cuesta elegir.
Un punto importante es que las zapatillas de maratón no se eligen solo pensando en “el día de la carrera”. Lo ideal es probarlas en tiradas largas, verificar que tu pie se acomoda bien al upper, que la estabilidad no se compromete cuando empiezas a fatigarte y que la amortiguación resiste después de 20 km. Un error muy común es escoger modelos excesivamente blandos o demasiado reactivos sin comprobar cómo responden en tu ritmo real de carrera.

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